Historia de la epilepsia

Se la conoce como la enfermedad de los mil nombres: gota coral, enfermedad sagrada, morbus hercúleus… Hoy te hablamos de qué es y cuáles son los últimos avances en esta enfermedad.

Esta enfermedad ya era conocida desde los mismos albores de la Humanidad. De pronto, alguien caía fulminado al suelo y era presa de convulsiones para, al cabo de un tiempo, volver a su estado inicial sin mayor problema físico. No era extraño que al principio se pensase que solo los dioses podían ser capaces de privar de sus sentidos a una persona para luego devolverla a la normalidad. No fue hasta Hipócrates que la epilepsia se intentó definir científicamente. Él mismo declaraba que quienes afirmaban que la epilepsia era una enfermedad sagrada, tan solo trataban de ocultar su propia ignorancia e impotencia respecto al tema. Esta forma pendular de considerar a la epilepsia como algo demoníaco o algo de origen natural que tenía lugar en el cerebro, es una constante a lo largo de los siglos. Destacar que en el Renacimiento, Thomas Willis (médico inglés pionero en las investigaciones neuroanatómicas) se enfrentó con muchos problemas a la Iglesia al afirmar que nada tenía de demoníaco y sí de origen natural. Estas supersticiones continuaron hasta el siglo XIX, con el avance de la ciencia y la investigación sobre el cerebro y su funcionamiento.

Una crisis epiléptica tiene lugar cuando aumenta de forma anormal la actividad cerebral. Ello provoca que haya movimientos involuntarios, cambios en las funciones del cuerpo, incluso en la percepción o comportamiento. Este estado puede ser más o menos severo (desde una leve ausencia hasta una pérdida de conocimiento total y absoluta). Las crisis pueden tener una duración variable, desde apenas unos segundos hasta varios minutos. Ante una persona que esté padeciendo una crisis epiléptica debemos:

  • No mover al paciente
  • No introducirle nada en la boca
  • Evitar que se golpee, especialmente la cabeza
  • Si se trata de una mujer embarazada, la llevaremos a urgencias
  • Si la crisis dura más de 5 minutos o son varias pequeñas pero en las que el enfermo no recupera la consciencia, llamaremos a emergencias
  • Si ha habido un traumatismo importante, pediremos ayuda profesional

Hoy día sabemos que existen más de 40 tipos distintos de epilepsia y que estas pueden tener origen genético, estar producidas por lesiones anteriores (traumatismos, enfermedades) o ser sencillamente de origen desconocido. La forma habitual de diagnóstico es un estudio de los antecedentes personales y familiares, junto con un electroencefalograma. Otras pruebas más especializadas se reservan para casos que no responden al tratamiento farmacológico. Si los medicamentos anticonvulsivos no surten efectos, se empiezan a considerar otras vías como la cirugía.

El futuro de esta enfermedad pasa por el desarrollo de nuevos fármacos que sean más eficaces y que tengan menos efectos secundarios. Son tratamientos que, en general, se van a tomar de por vida y es importante que esos efectos secundarios afecten lo menos posible a los diferentes órganos. Otro aspecto es el de la inclusión de conceptos como la e-Salud. El paciente puede hacer uso de herramientas que puedan ayudarle a llevar un control, tanto de los medicamentos que toma como de los efectos que se producen en él más allá del simple terapéutico. Apps como ClepIO ayudan a los pacientes a gestionar de forma eficaz no sólo su enfermedad, sino su salud de forma integral.

ClepIO