cáncer de mama

Cáncer de mama: prevención y control

El cáncer de mama sigue siendo el cáncer más frecuente en las mujeres. Aunque puede reducirse el riesgo a través de medidas preventivas, es la detección precoz el paso más importante hacia una mejora del pronóstico y la supervivencia en los casos de este tipo de cáncer.

Existen estrategias de prevención. Esto es una realidad. Pero no nos engañemos, éstas no consiguen eliminar la mayoría de los casos de cáncer de mama diagnosticados, especialmente en los países de ingresos medios y bajos.

Comencemos por el principio. ¿Cuáles son las causas -si existen como tal- de que se produzca un cáncer de mama? Hay varios factores de riesgo. Los antecedentes familiares (duplican e incluso triplican el riesgo), algunas mutaciones genéticas, el uso de anticonceptivos orales y tratamientos hormonales, el consumo de alcohol, la alimentación o la falta de actividad física son algunos de los aspectos que se atribuyen a la aparición de la enfermedad.

Muchos de estos factores de riesgo pueden controlarse y reducir el riesgo de padecer cáncer de mama a largo plazo. Pero es la detección precoz lo que realmente garantiza mejoras en el pronóstico y la supervivencia de este tipo de cáncer.

Detección precoz del cáncer de mama

Detectar un cáncer de mama en su etapa inicial supone una posibilidad de curación de casi el 100%. Los programas de detección precoz han conseguido disminuir los casos de muertes por esta enfermedad, sobre todo en las edades de mayor incidencia de la misma (por encima de los 50 años).

El primer paso para un diagnóstico precoz es la autoexploración de las mamas. Aunque no se recomienda como único método de detección, servirá para valorar ciertos signos que podrían ser indicativos de la presencia de un cáncer: presencia de bultos en los senos, sangrados o secreción en los pezones, dolor o extrema sensibilidad… Cualquiera de estos síntomas debe consultarse con el especialista médico, que tendría que realizar su propio examen físico y las pruebas pertinentes.

La técnica más eficaz utilizada es la mamografía, que consigue detectar hasta un 99% de los tumores. La prueba consiste en una radiografía de las mamas, y es capaz de detectar la enfermedad en estados muy iniciales. Permite detectar lesiones en la mama hasta dos años antes de que sean palpables, cuando aún no se han extendido en profundidad a otras partes del cuerpo. Y en estos casos los tratamientos son menos agresivos para los pacientes.

La periodicidad en la realización de este tipo de pruebas se estima en 1 o 2 años, sobre todo en edades comprendidas entre los 45 y los 69 años. En edades inferiores solo es aconsejable si existen factores de riesgo.

Así pues, llevar una vida saludable y acudir al especialista médico ante el mínimo síntoma, serán claves a la hora de reducir las consecuencias de un cáncer de mama.

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